-. ULTRAMAN .-

24 marzo, 2006

EXPERIENCIAS IRONMAN AUSTRIA 2004

Estas son las sensaciones que sentí cuando hice Austria 2004, espero que os sirva como una pequeña inyección de motivación

IRONMAN AUSTRIA

3,8 KM NADANDO-180KM BICICLETA- 42,195 KM CORRIENDO



Todo empezó hace un año, como una broma, entre risas con unos amigos, sabiendo que, las palabras que soltaba respecto a la posibilidad de que hiciera el iron man, se las iba a llevar el viento, pero a veces, la vida, te indica claramente el camino que debes seguir. Estaba en un periodo de poca actividad de deporte. Tras años de interminables sesiones de bicicleta, por circunstancias de la vida, llevaba 2 años sin hacer deporte de fondo de manera seria. Pero todo cambió. Conocí a la gente adecuada y estuve en el sitio exacto, en el gimnasio arsenal. Allá conocí a un grupo que estaban haciendo triatlones y que, el que menos, llevaba 6 iron man en sus piernas. Me fascinó.
Soy una persona de extremos, capaz de lo peor si algo me desmotiva pero capaz de lo mejor si algo me motiva, eso sí, un auténtico amante de los retos. Y esto es exactamente lo que es el iron man. No es una carrera sinó un auténtico reto contra el límite de uno mismo. Y que mejor que testar el cuerpo haciendo tres deportes que entre sí no tienen nada que ver, nadar 3800 metros, hacer 180km en bicicleta sin poder hacer drafting (no poder ir a rueda) y acabar corriendo un maratón (42,195 km).
Han sido meses de entreno muy específico, haciendo mucho hincapié en la bicicleta, unos 300 km a la semana, nadando 8000 metros por semana y corriendo 50 km semanales (¡¡¡¡¡Debería haber corrido más!!!!!). Notas como a medida que entrenas tu cuerpo va notando sensaciones raras. Correr después de hacer bicicleta es algo que es violentísimo para los cuadriceps, y las caderas actúan de una manera nada uniforme. A medida que se iba acercando la fecha me iba creando auténticas dudas. Cada día del último mes que pasaba se me iba metiendo en la cabeza de que no podría acabar, pero al llegar a Klagenfurt (Austria) todo cambió.
Partí de Barcelona el martes 30 de junio. Con todo lo necesario para competir y con toda la ilusión metida en la mochila. Me despedí de mis padres, en mi madre se reflejaba con notoriedad la preocupación de lo desconocido. Sólo me repetía “si estás cansado para, que no pasa nada”. Si que pasaba y no se podía parar. Habían sido demasiadas hora invertidas en este proyecto, muy grande me tenía que ocurrir para abandonar.
El miércoles amaneció un día radiante, espectacular. 30 grados en el corazón de austria. Me alojé en una pensión tipo “la casita de Heidi” preciosa, con una gente encantadora. Con los nervios y sin saber que hacer, me cambié y decidí ir a hacer el circuito de la bici. Era un circuito de 60km con 450 metros de desnivel y que el día del iron man tenía que realizar 3 veces. Rodé bien, ¡¡¡que buenas sensaciones tenía!!!, me crucé con varios participantes, ¡todo el mundo parecía muy bueno!.
Los días posteriores fueron de auténticos nervios. Llegaron mis amigos, en total éramos 9, nos encontramos, comíamos, dormíamos, comíamos, suerte que llegaba la carrera porque con los nervios no paraba de comer. Todo eran suposiciones, comparaciones, cualquier cosa para refugiarse en un ápice de tranquilidad. Pero no sabía realmente que era lo que me esperaba y eso me inquietaba.
Llegó el domingo, 4 de julio de 2004. Día clave en mi vida. Me levanté a las 3:50. Bajé a desayunar, en el hotel nos juntamos un total de 20 atletas. Las miradas eran profundas, de concentración de nervios y, al menos en mi caso, de miedo. Fue un desayuno copioso, no paraba de comer pensando en que seguro que lo necesitaría a medida que avanzara la competición. Al acabar nos dirigimos hacia el iron city. El iron city es un megacomplejo de carpas donde se concentran todas la actividades del iron man, zonas de transición de bicicleta y correr, y la entrada a la zona de salida.
6:55 de la mañana, faltaban 5 minutos para la salida. Me había puesto el neopreno, las gafas en su sitio, el gorro encajado, ya solo faltaba ir a la orilla del lago. Me despedí de mi novia como el militar que se va a iraq. En nuestras miradas se cruzaron ilusión, miedo, incertidumbre…
La aglomeración de gente era impresionante. Parecía pleno día y sin embargo eran menos de las 7 de la mañana, no cabía un alfiler alrededor del muelle del lago. En la orilla 2100 personas por un sueño. Desde el más pro que intentará bajar de las 8 horas hasta el que sabe que va a estar 17 horas sufriendo, desde el chaval de 20 años hasta la mujer de 70. Todo el mundo por un objetivo, por una superación, todo el mundo por intentar superar la que probablemente es la prueba individual de un día más dura del mundo.
Se dió la salida y los primeros momentos fueron muy agobiantes. Golpes y más golpes en el agua para coger la posición adecuada. Sólo pensaba en salir del agua para coger la bicicleta. La natación en el iron man, pese a que la distancia es considerable (3800 metros), no es más que un trámite. Tras 1h05 minutos salí del agua y me dirigí hacía la zona de transición para equiparme con lo adecuado para la bici. El griterío era espectacular. Mi novia, Ana, y todo el grupo de mujeres e hijos de los amigos que estábamos allá, me animaban con ilusión. A Ana se la veía emocionada, contenta porque sabía lo importante que era para mi salir del agua sin haber sufrido ningún agobio, me daba mucha tranquilidad saber que ella estaba allí.
Cogí la bicicleta, estaba contento, una sonrisa enorme, era mi punto fuerte. Como he dicho anteriormente, me esperaban 180 km( 3 vueltas a un circuito de 60 km) y 1350 metros de desnivel acumulado. Fui muy bien durante todo el rato, encontrando las piernas muy ágiles y aupado por el innumerable público que había durante todo el circuito, en especial, en las zonas de subida donde podíamos encontrar un escenario más propio del tour de Francia. Acabé la bicicleta con un tiempo bueno, 5h10 minutos a algo mas de 35 km/h de media, estaba muy contento, ¡”sólo faltaba el maratón”!.
Empecé a correr cuando llevaba 6h34 minutos de carrera. Había nadado 3800 metros y había hecho 180 km en bicicleta, más el tiempo que estuve en las transiciones. Me quedaba un coloso, algo que la gente se lo toma como un hecho de superación, era difícil de entender que para mí solo fuera una prueba más cuando hacía un año el solo hecho de acabar un maratón era más que un logro. Mi carrera a pie se dividió en 2 partes. Los primeros 22 km me encontré más o menos bien. Dentro de lo que cabe las piernas me respondían, el sol era intenso pero los ánimos de la gente ayudaban a que no me concentrara en el calor si no que me concentrara en los aplausos. Pero me faltaba lo peor. No me podía imaginar el sufrimiento que me esperaba.
Llevaba 8h 34 minutos, solo me faltaban20 km corriendo, mi cabeza hacía números y me veía capaz de bajar de las 11 horas. Pero el cuerpo y más concretamente las piernas, rebentaron. Un intenso dolor se apoderó de mis cuadriceps y no podía correr más. Fue algo inexplicable porque apenas 500 metros antes corría con normalidad pero sucedió y las piernas se agarrotaron. Empecé a andar, tenía que acabar, no contemplaba la posibilidad de abandonar. Habían sido demasiados sacrificios, demasiadas horas de entreno, demasiadas ilusiones en lograr algo que poca gente en el mundo puede hacer. Fui andando lento pero con la mirada al frente. Cuanto más lento iba más me animaba la gente. Había quilómetros, concretamente en el 27 y en el 34 que las lágrimas se apoderaban de mis ojos, me dolían tanto las piernas…. Fueron 4 horas larguísimas, sí, 4 horas para hacer 20 km, pero los hice. Llegué al km 41 de la maratón oí como alguien me decía “come on iron man, 1 km for your dream”. Esas palabras me dieron fuerzas para correr como podía, con paso muy torpe me dirigía hacia meta y la gente no paraba de animarme. Las lágrimas, con una fuerza nada habitual, se volvieron a apoderar de mis ojos. Lo había logrado. 100 metros antes de cruzar la meta vi a Ana. Su expresión cambió por completo. Del miedo y de la intranquilidad pasó a la alegría y a la emoción. Le hice un gesto de alegría, también era su iron man, y 100 metros después, envuelto en un griterío ensordecedor, entré en la meta sin fuerzas si quiera para poder levantar los brazos.

12h34 minutos, Josef Ajram Tarés, FELIZMENTE IRON MAN. FELIZMENTE FINISHER

3800 metros nadando- 1h05 minutos
180km bicicleta- 5h10 minutos
42,195 metros corriendo- 6h

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, estamos aquí con Pablo A. viendo tu impresionante palmarés, aunque me dicen que te giñaste ante la idea de tirarte en paracaídas, cunado quieras te enseño la caida libre o el vuelo sin motor, son muy emocionantes y no te cansas nada....

Saludos,
Pepe Gil-Vernet

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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